Ahora que está tan de moda eso de cambiar el modelo productivo, quiero hacer/me una pequeña reflexión. Una reflexión sobre cambios, que me ha surgido tras analizar este excelente link. El link es interesante porque ofrece una cantidad de “masa gris”, de conocimiento, trabajo y esfuerzo, y totalmente gratis.
Mucha gente podrá relacionar esto con la web 2.0. Además de convertir el 3W en un entorno más colaborativo, ha difundido el “gratis”. Cada vez más cosas son gratis: tarjetas de visita, juegos en Internet, aplicaciones, redes sociales … nos estamos habituando a disfrutar de recursos gratis, ¿por qué? Existen servicios que consiguen auto-financiarse, pero son los menos. Tenemos muchos casos de fracasos; y muchos otros que todavía no lo son, que tan solo son atractivos por el tráfico que generan, y se venden por millonadas, pero en los que es imposible encontrar un modelo de negocio.
En epocas de crisis, quizás es cuando se producen más cambios. Mi amigo/ex-compañero de colegio Jorge Juan (link) me envia el siguiente link en el Blog de Martin Varsavski. En él se alude a un cambio en el modelo, analisis con el que no puedo estar más de acuerdo. Quizás no tanto por el hecho aislado de la compra.
Claramente muchos fabricantes de automoción (las bolas pequeñitas de la imagen) se han convertido en meros integradores, que no aportan mucho valor al cliente, salvo el propio de la diferenciación.
Los motores son del grupo, habitualmente desarrollados por la matriz o empresa más grande, y “parametrizados” para cada marca, los diseños son “sombreros” sobre plataformas comunes, y la mayoría de los componentes (desde los amortiguadores hasta los equipos multimedia, pasando por los turbos o las luces) son desarrollados por los fabricantes de componentes.
¿Entonces, que aportan estas marcas además de la propia diferenciación? Posiblemente el valor de estas compañías, como SAAB recientemente comprada, o el curioso caso de VOLVO (la compañía de automoción, que fue vendida hace ya años por la matriz de VOLVO por no ser rentable), tan solo la marca (y muchas veces con poco tirón) y el canal de distribución.
No deberíamos dejarnos confundir por las habilidades de nuestros últimos presidentes: el uso del inglés es imprescindible; abre puertas, incrementa y favorece la comunicación, elimina fronteras autoimpuestas, y en general nos predispone a salir al exterior, e internacionalizar nuestras empresas.
Corremos el riesgo, como ha sido mi caso, de conocer un inglés teórico a un nivel medio-alto, aprendido gracias a nuestro sistema educativo, y dejarlo morir en algún caso, en otro conservarlo aletargado en los oscuros pasillos de nuestro cerebro.
No basta con chapurrear y saber defenderse; esto es válido para turistas y viajes de placer. Cualquiera con un nivel directivo de prácticamente cualquier organización debería tener un nivel de inglés de negociación (incluyo a nuestros insignes políticos). En un mundo globalizado, nuestras empresas, ayuntamientos y organismos deberían colaborar e interactuar mucho más con otras empresas, ayuntamientos y organismos de cualquier punto del globo.
Nunca mirar para atrás, ese es mi lema … si no es por un buen motivo. Respecto a la economía de la región, muchas veces nos miramos el ombligo, y salen miles de defectos (que los hay). Mirar para adelante, y a los que están allí, por lo menos si no creativos nos debería permitir copiar con inteligencia para mejorar. Porque nos queda mucho camino.
Pero sorprende ver cómo están otras regiones del pais: link. ¿Tendrá algo que ver que tanto en Asturias como en Andalucia, además de empezar ambas por “A”, gobierne el PSOE sin competencia alguna? La competencia es buena, la presión es buena; posiblemente te impele a ser mejor, a esforzarte por “vencer” a un “enemigo” que quiere lo que tú tienes. Tanto en Asturias como en Andalucia no hay alternativa política real. ¿Es ese uno de los numerosos motivos? Incluso podría encontrar razones de que debería ser lo contrario, pudiendo el gobierno en el poder desarollar medidas en el largo plazo, y huir de las medidas cortoplacistas (habitualmente asociadas a “pan para hoy, hambre para mañana”) de los 4 años necesarios para ver resultados (es decir, antes de las siguientes elecciones).
Gracias a Alberto Aranda por colgarlo.