Aprovecho este foro para hablarte de una de mis convicciones: el respeto por la vida. Soy un defensor a ultranza de la libertad, la libertad individual de cada persona a decidir su propio futuro, a actuar según sus convicciones, la libertad de poder elegir.
Este derecho es indisociable del ser humano, siempre y cuando ese mismo derecho no represente un daño para otros. Es decir, perfectamente puedo decidir qué carrera estudiar: eso es libertad. Decidir disparar a alguien no es libertad, es asesinato, y está penado por la ley. Una ley que se encarga de proteger las libertades individuales, pero también de garantizar que esas mismas libertades no atenten contra el resto de individuos de la sociedad. Quizás uno de los problemas de las leyes es que solo castigan a los que las incumplen, es decir, actuan cuando el daño está hecho. Pero no quiero entrar en ello en esta ocasión.
Sí que quiero hablar de la libertad en lo que respecta a el derecho a tener hijos. Nadie, familia, marido o gobierno, puede obligar a una mujer a tener un hijo contra su voluntad. Creo que esto está claro. Sin embargo, nadie le pregunta a la vida que se ha empezado a generar qué quiere hacer. Por desgracia para esa vida, no tiene ni voz ni voto (en sentido literal); y al gobierno parece que la única opinión que le interesa es la de las personas que tiene voto, para ser poder ser reelegidos. ¿Qué sentido tiene el gobierno que no protege a los más débiles? ¿Qué calificativos le pondríamos tanto al ente, como a las personas responsables del mismo?
Ultimamente viajo a Madrid en coche, y eso se nota en mi productividad en tareas como este blog; el tren me da unas 8 horas más de trabajo en cada viaje, muy importantes para contar aqui todo lo que se me ocurre.
Pero por otro lado, ir en coche me encanta, y me permite hacer fotografías tan fantásticas como esta, si bien la cámara integrada en la BlackBerry no tiene una buena calidad (solo 1Mpx, y ¡quiero más!), además de que se ensucia lo suyo al estar totalmente expuesta (en eso, habría que aprender de SONY).
Lewis Hamilton se ha proclamado hoy Campeón Mundial de FORMULA 1 en el brasileño circuito de Interlagos, después de una carrera plagada de sorpresas, tensión, ahora llueve-ahora no-ahora vuelve a llover (link y clasificación). Van para él mis felicitaciones, que vienen a confirmar que se trata (mal que le pese a algunos) de un gran piloto, llamado a darle emoción a esto de la F1 (que lo necesita).
Vayamos a una reflexión, utilizando el desarrollo de la temporada, y de esta última carrera, algo más de gestión. Felipe Massa lloraba hoy al verse privado de un título, a pesar de haber hecho todo lo posible es esta última carrera. Lloraba de rabia tras ganarla, pensando quizás que “la suerte” le ha privado de un campeonato. Pero nada más lejos de la realidad. No creo que exita la buena suerte (leed a Alex Rovira en “El libro de la Buena Suerte”), pero sí la mala suerte. La mala suerte podría haberle hecho perder a Hamilton el titulo. La “buena suerte” hay que trabajarla, crear las circustancias propicias para que aparezca.
Os cuento como soy, o al menos como creo que soy. Soy analítico y racional, y uso habitualmente mi capacidad de raciocinio; incluso puede ser que “piense en exceso”. Pero no tengo una buena capacidad de memoria. Al parecer, este mal es cada vez más compartido por la sociedad (ver nota de prensa en El Pais, link).
Está por ver si esto nos depara un crecimiento mayor, o por el contrario coarta precisamente ese crecimiento en capacidades. Tengo algunos amigos o compañeros de trabajo, que ante cualquier reto memorístico, lo primero que hacen es abrir la web de Google o Wikipedia.
Insisto en la idea; sabiendo que dentro de los procesos naturales del cerebro se encuentra el olvidarse de las cosas, y que éste es necesario para el correcto funcionamiento del mismo, no (tener la obligación de) memorizar tantas cosas como antes, ¿nos vuelve peores? ¿o por el contrario nos vuelve más creativos, más agiles en nuestros planteamientos? ¿pensamos con mayor claridad?