No deberíamos dejarnos confundir por las habilidades de nuestros últimos presidentes: el uso del inglés es imprescindible; abre puertas, incrementa y favorece la comunicación, elimina fronteras autoimpuestas, y en general nos predispone a salir al exterior, e internacionalizar nuestras empresas.
Corremos el riesgo, como ha sido mi caso, de conocer un inglés teórico a un nivel medio-alto, aprendido gracias a nuestro sistema educativo, y dejarlo morir en algún caso, en otro conservarlo aletargado en los oscuros pasillos de nuestro cerebro.
No basta con chapurrear y saber defenderse; esto es válido para turistas y viajes de placer. Cualquiera con un nivel directivo de prácticamente cualquier organización debería tener un nivel de inglés de negociación (incluyo a nuestros insignes políticos). En un mundo globalizado, nuestras empresas, ayuntamientos y organismos deberían colaborar e interactuar mucho más con otras empresas, ayuntamientos y organismos de cualquier punto del globo.