A continuación un artículo de Jairo Tamayo, sobre el exito, y las excusas que nos ponemos día a día para no alcanzarlo.
Es paradójico, estamos diseñados para triunfar, sin embargo el 95% de los seres humanos están ubicados en el lado oscuro del fracaso, la pobreza, el sufrimiento o la enfermedad. Ahora lo más impresionante de ésta situación es que las personas que persisten en mantener esa situación, afectando así al mundo entero, presentan una serie de justificaciones que aquí llamare “excusas”.
A la espera de que suba un post más extenso, donde se recojan las posibilidades de financiación para empresas de nueva creación, me parece interesante adjuntar este documento que aunque con poca “chicha” (y por tanto breve), da una nociones de las posibilidades de financiación.
Link al fichero: Financiacion Empresas
Voy a atreverme a llamar fatalismo al determinismo. Fatalismo porque los trabajadores, comerciales o empresarios, que utilizan como permanente excusa los valores exógenos para demostrar o justificar sus resultados, son como aquellos que dirigen un barco, pero se dejan arrastrar por las corrientes del mercado. Piensan que es el mercado quien decide a dónde se dirige la empresa. ¡Craso error!. El mercado te llevará contra las rocas, te dejará encallado en la arena, o te arrastrará sin rumbo. Debes dominar el barco, fijar objetivos, desarrollar estrategias para llegar a esos objetivos, ponerlas en práctica, analizar los resultados regularmente e incluso flexibilizar la estrategia en función del mercado y los resultados.
El mercado, ese concepto etereo y exógeno, parece controlar y dirigir los designios de nuestras empresas. Aprendemos a estudiar las señales del mercado, y adaptar la estrategia a los designios de éste.
Tengo que manifestar mi más profundo desacuerdo con esta filosofia. Y lo hago desde mi experiencia primero como comercial, y posteriormente dirigiendo equipos comerciales. El mercado es el resultado de la demanda y la oferta. Es decir, que lo conforman nuestros clientes y nuestros competidores. ¿Y quien dice que sobre ellos no podemos actuar?