Voy a atreverme a llamar fatalismo al determinismo. Fatalismo porque los trabajadores, comerciales o empresarios, que utilizan como permanente excusa los valores exógenos para demostrar o justificar sus resultados, son como aquellos que dirigen un barco, pero se dejan arrastrar por las corrientes del mercado. Piensan que es el mercado quien decide a dónde se dirige la empresa. ¡Craso error!. El mercado te llevará contra las rocas, te dejará encallado en la arena, o te arrastrará sin rumbo. Debes dominar el barco, fijar objetivos, desarrollar estrategias para llegar a esos objetivos, ponerlas en práctica, analizar los resultados regularmente e incluso flexibilizar la estrategia en función del mercado y los resultados.