Este es un concepto que como empresario se debe asumir. El precio de los objetos está en función de lo que valen, y no de su coste. Es decir, el precio de un bien se establece en base a la cantidad de dinero que los consumidores pueden desembolsar por dicho bien. Y nunca debe calcularse el precio de un producto en base a un coste y su margen. Esta última formula no responde a una realidad, no responde al mercado.